Estimulación Visual para el Niño con Baja Visión

Dra. Vanessa Bosch C.
Jefa del Servicio de Oftalmología
Instituto Nacional de Pediatría
México D.F.

La baja visión infantil es una de las más altas prioridades del programa VISIÓN 2020, esto debido a que los alcances sociales, emocionales y económicos son catastróficos.

La visión, es el motor que impulsa el desarrollo psicomotor de los niños. La ausencia de estímulo visual se convierte en un problema con altas repercusiones. Es por esto, que se trata de una emergencia.


La percepción visual es la capacidad de interpretar la imagen que se recibe a través del sistema visual. El cerebro debe ejercitar su capacidad de interpretación y asociación, recurriendo a la memoria de otras imágenes igualmente percibidas para dar nombre, funcionalidad, sentido y ubicación a lo recibido por ambos ojos.

La visión es el motor que impulsa el desarrollo psicomotriz en los primeros años de vida. Las dificultades perceptivas del niño con discapacidad visual superan los confines de la pura y simple limitación sensorial. En la mayor parte de los casos la baja visión es sólo el primer eslabón de una cadena patógena que concluye en una limitada estructura de conceptos y por lo tanto en un uso inadecuado y parcial del remanente visual.

Un niño con déficit visual necesita saber que más allá de su mano se encuentra un mundo de objetos y personas con los que tendrá que interactuar. La intervención temprana es una urgencia para el tratamiento de estos bebés. Debemos darles la oportunidad de conocer experiencias totales, es decir no solo lo verbal y táctil, sino también posiciones espacio-tiempo, y relaciones con respecto a su propiocepción, a otros seres y otros objetos.

La estimulación visual está estrechamente relacionada con el desarrollo visual, pues consigue que un niño consiga interesarse por su entorno, quiera explorarlo y saber qué es.

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Un niño con visión normal desarrollará la capacidad de ver de una forma espontánea; sin embargo un niño con baja visión, en la mayoría de los casos, no lo hará de forma automática, por ello se le deberá estimular visualmente mediante un programa sistemático encaminado a desarrollar sus funciones visuales. Si no hacemos esto, funcionará visualmente muy por debajo del nivel que le permitiría su problema visual. La Dra. Faye dice: “la visión residual debe ser usada al máximo de la capacidad”, lo que desde el punto de vista perceptivo y del aprendizaje significa que cuanto más se mira y se usa la visión, más eficacia visual se logra.

Por tanto, la visión, es una función aprendida, y su calidad puede mejorarse con entrenamiento durante un periodo de tiempo adecuado.
Como ya se mencionó, la estimulación visual se produce de forma automática en un niño con visión normal, sin embargo se debe provocar en un niño con baja visión. Está específicamente dirigida a niños con deficiencias visuales congénitas o adquiridas en etapas tempranas de la vida, como es el caso de los niños con secuelas de retinopatía del prematuro.

La habilidad visual que puede alcanzar un niño con baja visión no se relaciona necesariamente con el tipo y el grado de pérdida visual. Podemos encontrar dos niños con problemas visuales semejantes (igual agudeza visual) y sin embargo su funcionamiento visual puede ser muy diferente en cada caso, dependiendo del grado de estimulación que se les haya aplicado a cada uno y a su nivel de maduración.
La habilidad visual se puede desarrollar con un programa secuenciado de exigencias visuales, y es a esto a lo que llamamos ESTIMULACIÓN VISUAL.

Para esto, los estímulos visuales deben ser aumentados e intensificados. Se proveen estímulos repetitivos y deben darse extra a los que el medio comúnmente ofrece. Estos son suministrados en el contexto de lo que el niño hace, que es jugar. Es por esto que la herramienta terapéutica más importante es el juego.
La eficacia visual está en relación con la inteligencia general, la motivación, la estimulación visual, las influencias del entorno y la propia individualidad del niño con su personal capacidad.

La eficiencia visual es única en cada persona y no se puede medir ni predecir clínicamente con exactitud empleando instrumentos psicológicos o educativos. Incluye la agudeza visual de cerca y de lejos, control de los movimientos oculares, sensibilidad al contraste, visión a color, capacidad de acomodación, construcción de la memoria visual y capacidad del cerebro para procesar la información.
El remanente visual se utiliza como factor a favor, ya que permite al niño un desarrollo visual óptimo.

Es muy importante decir que la visión nunca puede ser ahorrada o gastada, ya que mientras más se utiliza, mayor es la probabilidad de un mejor funcionamiento visual, por lo que es necesario tener estrategias para estimular el empleo óptimo y funcional de la visión, potencializarla y facilitar el desarrollo motor, cognitivo, social, del lenguaje, afectivo y conductual.

Es importante tener en cuenta que las necesidades y los objetivos que se pretenden conseguir con el programa de estimulación visual irán cambiando a medida que el niño vaya creciendo. Serán modificados de acuerdo con su edad, su inteligencia y su desarrollo. Deberán ser realistas y fáciles de conseguir.
Es imprescindible, valorar la colaboración de padres y profesores a la hora de establecer los objetivos y a medida que el niño vaya creciendo, será él mismo quien exprese sus nuevas necesidades y deseos.
La estimulación visual es un trabajo de equipo. El especialista en baja visión, la familia, así como el propio niño deben poner mucho de su parte. Requiere paciencia, comprensión y buena comunicación. Sin embargo, el esfuerzo realmente vale la pena, siempre recordando que el límite es el infinito.

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