Tamizaje en Escolares: ¿Cómo hacerlo?

Dra. Rosane Silvestre de Castro
Brasil

Hay muchas razones para que se realicen acciones destinadas a la prevención de la ceguera en la infancia. Los niños con problemas visuales generalmente presentan algunos problemas emocionales, los cuales podrían afectar su desarrollo integral. La sociedad paga un alto precio por la negligencia de la salud ocular, pues el hecho de tener la visión deficiente y no tratarla, puede afectar el comportamiento social del individuo, como también causar accidentes y limitaciones laborales en personas que se vuelven dependientes de otros e incapaces para trabajar.
El estudio de la salud pública ocular abarca muchos aspectos tales como: la investigación, la prevención, la promoción del tratamiento y la rehabilitación del individuo. En 1991 la AAPOS (American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus Committee), publicó los principios que se recomiendan para mantener, proteger y mejorar la salud ocular de los niños y uno de los puntos destacados fue la realización de programas de evaluación visual para el diagnóstico y orientar el tratamiento de los problemas oculares. Los programas de evaluación visual permiten detectar los problemas refractivos, fueron descritos hace ya más de un siglo y se han realizado en varios países como Estados Unidos, Finlandia, Gran Bretaña, Brasil y Chile entre otros. La utilización masiva de la evaluación visual fue difundida por varios autores, como un intento para disminuir los casos de ambliopía en la infancia y tiene por objetivo reconocer las enfermedades por medio de la aplicación de testes, exámenes o procedimientos que puedan ser aplicados rápidamente para diferenciar los individuos sanos de los afectados. En la actualidad, los programas de evaluación visual están destinados principalmente a detectar y corregir los errores refractivos en preescolares y escolares. El profesional médico necesita estar más involucrado en la atención de los niños, facilitando el acceso y ofreciéndoles medios para la asistencia oftalmológica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los programas requieren de acciones comunitarias sistemáticas para eliminar la ceguera y otras afecciones visuales, siendo la agudeza visual el indicador más inmediato de la función visual. Por lo tanto, se hace necesario la aplicación de un examen visual que no requieran de una gran capacitación por parte de los examinadores ni de un gran esfuerzo para la comprensión y colaboración del examinado. El método más utilizado es la medida de la agudeza visual con las tablas de Snellen, pero como la evaluación visual es algo complejo porque abarca el sistema óptico, el neurológico y el cognitivo, y aunque es un método ampliamente utilizado, su aplicación puede ser difícil en los niños con edad bajo los 4 años, resultando un alto índice de falso negativo.
A pesar de lo bien establecida de esta estrategia, no hay un consenso sobre la metodología que debe ser empleada en la evaluación visual y el real beneficio que este trabajo homérico podría traer en la práctica, pues además de que la prevalencia de ambliopía es baja, también hay problemas en la adhesión al uso de los anteojos prescritos. En un estudio realizado en la ciudad de Campinas, San Pablo, Brasil (1), se pudo verificar que después de 6 meses de entregarse los anteojos donados, un 44% de los niños no estaban usándolos por diversos motivos como: no se sienten bien con ellos; no les gustaron, no se compraron o la familia no había hecho el recambio si se pierden o rompen.
Idealmente todos los niños deberían ser sometidos a exámenes oftalmológicos antes de ingresar a la escuela, para que se puedan minimizar y/o corregir los problemas visuales en forma precoz. En Brasil, el Consejo Brasileño de Oftalmología (CBO) ha realizado campañas de evaluación visual en estudiantes del segundo ciclo de la enseñanza primaria (7 y 8 años) y ha constatado que, para la gran mayoría de los atendidos, la campaña ha sido la única posibilidad de atención y tratamiento de la población más necesitada.
Para esta población más vulnerable, estos programas de evaluación continúan siendo la única posibilidad de hacer un examen oftalmológico. Debemos contactar a los gestores de la salud para insistirles en que las campañas sean institucionalizadas para evitar que sean realizadas de forma esporádica. De esta manera los niños estarían bien asistidos y podríamos obtener patrocinios para la adquisición de los anteojos y recambio si se rompen o se pierden. Los programas de evaluación y atención a los estudiantes demuestran que la calidad y la eficiencia del proyecto, ayudan a educar a la población en la necesidad de evaluar la visión y a comprender la necesidad del uso de los anteojos por niños si hay limitación visual, evitando los preconcepto de los familiares y amigos.
De esta forma “en la historia se hace lo que se puede y no lo que a uno le gustaría hacer”, y una de las tareas políticas a ser cumplidas es “el intento constante de hacer posible el mañana a lo imposible de hoy” (por Roberto Freire 2).

REFERENCIAS:
1.- Castro, RS; Correção óptica em escolares e condições de uso dos óculos – campinas (SP_BR), Campinas, 2001 (tese de doutorado – faculdade de ciências médicas – UNICAMP – BR)
2.- Freire, P – Politica da educação 3ª ed. Crotez, São Paulo, 1997, 118p

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