Una solución innovadora

¿Y si luego de todo este esfuerzo el niño no utiliza el anteojo? Esa fue la razón que nos impulsó a crear el Manual Veo y Leo con Ana y Mateo, que se ha transformado en el material que fue utilizado por más de 150 primeros cursos de escuelas de Buenos Aires y de Santa Fe para que los niños de primer grado aprendan a leer y escribir. Y que además los educa en el cuidado de la salud visual.

Desde que en la Fundación Zambrano comenzamos a llevar adelante programas de atención comunitaria en 1999 siempre evaluamos nuestros resultados y buscamos incorporar mejoras.

El inicio de nuestros programas de atención comunitaria fue en respuesta a un pedido puntual de ayuda: un equipo de médicos oftalmólogos atendió a más de 200 niños del Comedor Los Piletones en Villa Soldati y se realizaron 18 anteojos. Esa metodología de trabajo se repitió hasta finales de 2002: se nos convocaba a una campaña de atención y trabajábamos con un grupo de médicos que evaluaban a todos los niños.

Entre finales de 1999 y finales de 2002 se examinaron 2790 niños en situación de vulnerabilidad social; y se les entregó 321 anteojos a aquellos que lo precisaron.

Ver para Aprender

En la última campaña de 2002, conocimos en Tres Isletas, provincia del Chaco, a la Dra. Verónica Brollo, que estaba implementando un programa de salud visual que capacitaba a los docentes para el primer screening, generando una mayor eficiencia de recursos. Sin dudarlo copiamos su metodología y así nació el programa Ver para Aprender.

Este cambio tuvo dos grandes ventajas. En primer lugar conseguimos multiplicar nuestro impacto sin necesidad de ampliar nuestra disponibilidad de médicos oftalmólogos voluntarios, que es un recurso escaso. Eso nos permitió llegar a 20.068 niños entre 2003 y 2006, y alcanzar los 931 anteojos entregados en ese período.

En segundo lugar, cambiar la metodología de trabajo nos abrió la puerta a trabajar con financiadores como empresas o fundaciones, que nos exigían un esquema de trabajo más planificado. Este modelo de trabajo de alto impacto y de baja utilización dl recurso profesional resultó ideal.

Incrementando el impacto

Desde sus orígenes tuvimos claro que el objetivo del programa Ver para Aprender era evitar que un problema de visión afectara el aprendizaje de niños en situación vulnerable.

Los dos factores que más influyen en que los chicos carezcan de una atención adecuada son, a nuestro juicio: la falta de información y de concientización (por parte de su familia y su comunidad) y la falta de acceso al médico oftalmólogo. Teniendo en cuenta que el foco del programa estaba puesto en acercar la atención a las comunidades, desde la Fundación decidimos reforzar el factor educativo como una forma de incrementar el impacto.

A partir de ejemplos inspiradores como The healthy eyes activity book (International Centre for Eye Health) y Wild about healthy vision (National Eye Institute) se desarrolló un primer manual de actividades para desarrollar en clase, que tenía dos objetivos:

  • por un lado transmitir conceptos vinculados con el cuidado de la salud visual y la adopción de conductas preventivas por parte de la comunidad
  • por otro –quizás el más importante- derribar las barreras que el anteojo tenía en los niños y sus familias. En nuestras evaluaciones se había detectado que un número no menor de niños no utilizaban el anteojo provisto, tanto por las burlas de sus compañeros de aula como –en menor medida- por resistencia de su familia.

La controversia

La Fundación Acindar trabaja en alianza con la Fundación Zambrano desde 2004, no sólo financiando el programa sino co-implementándolo. Apenas publicado el Manual VPA en 2006 se lo trabajó en 10 de las escuelas de Buenos Aires y Santa Fe que son habituales beneficiarios de Fundación Acindar, con buenos resultados.

En el siguiente año, a raíz de la sugerencia de numerosos docentes, en Fundación Zambrano se decidió modificar el manual: en lugar de utilizar letra imprenta minúscula se lo “tradujeron” todos los títulos a imprenta mayúscula, para facilitar la comprensión de los niños de los años iniciales…
Este detalle –de poca importancia para una institución oftalmológica- suscitó una gran controversia: ¿debíamos “nivelar para abajo” y adecuarnos a la situación actual de los niños? ¿O teníamos que seguir la tendencia mundial en educación y exigir a la comunidad educativa –y a los niños- que se formaran en el uso de la letra imprenta minúscula y la cursiva?

Para resolver el dilema se convocó a una reunión multidisciplinaria, con el fin de evaluar la relevancia de este punto en el área de trabajo en el que nos manejábamos: un programa de salud con el foco puesto en evitar obstáculos en el aprendizaje y con material educativo.

Si el cuaderno de actividades no era comprendido por los alumnos, entonces estábamos en un punto peor que antes: no sólo no los íbamos a poder educar en el uso de los anteojos sino que habríamos hecho el esfuerzo de elaborar un manual y desperdiciado muchos recursos sin sentido.
Por otra parte, si el programa buscaba mejorar las condiciones educativas de los niños, para que su situación social no fuera un obstáculo en su formación, entonces el planteo de la “adecuación” habría sido muy contradictorio.

La solución

Luego de un enriquecedor debate se llegó a una solución superadora: Fundación Acindar y Fundación Zambrano elaborarían de manera conjunta (con el apoyo de expertos en pedagogía) un manual que sirviera tanto para apoyar la enseñanza de la correcta lectoescritura de los niños de primer grado como para los objetivos del programa Ver para Aprender.

De esa manera nació el manual Leo y Veo con Ana y Mateo, que sirve de soporte para los docentes a lo largo del primer año de los niños de las escuelas bajo programa y les enseña la correcta lectura y escritura –con la intención de realizar la trancisión desde la mayúscula a la minúscula- a la vez que, utilizando los personajes de Ana y Mateo, recorre los conceptos de prevención y salud oftalmológica clave para el éxito del programa Ver para Aprender.

Desde 2007 se ha implementado en más de 150 primeros cursos de escuelas beneficiarias, con excelentes resultados, tanto en el aspecto educativo como en los resultados finales del programa de salud visual.

Desde nuestros inicios han pasado bajo los programas de la Fundación Zambrano 39.775 niños y se han entregado 3144 anteojos. Sin desmedro de estas cifras creemos que el Manual que aquí presentamos es el resultado más importante en el desarrollo de los programas de salud visual comunitaria de nuestra organización.

Segunda version

Segunda versión

primera version

Primera versión

Recorro con el dedo y delineo con color

Recorro con el dedo y delineo con color

para que sirve cada parte de los anteojos?

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